La utopía de los hechos
Por Pablo G Ramos
De eso se trata FACTOPÍA. Vivimos en un presente en el cual las redes sociales, la inteligencia artificial, los algoritmos mercenarios y la omnipresente pandemia de disociación cognitiva, degradaron al hecho o facto al infame terreno de las creencias.
Antes solíamos afirmar que el dato importaba menos que la fe de la tribuna. Lo seguimos sosteniendo. Pero hoy el delirio escaló: la máquina fabrica hechos falsos —un oxímoron en esencia— y el sistema los procesa como verdad revelada.
En FACTOPÍA venimos a reivindicar la soberanía de los hechos. Sin embargo, como se trata de un continuum, esa pretendida empresa es utópica. Pero en el sentido que Galeano le da al término: un concepto que sirve para caminar. Avanzar hacia la utopía de los hechos.
Para dar esta batalla, primero hay que limpiar el mapa de la discusión pública. La pólvora ya fue inventada hace rato. Venimos a poner el cuerpo y la cabeza para traducir el ruido en método, articulando las ideas dispersas en una nueva matriz de soberanía intelectual.
Lo que el gran Arturo Jauretche diagnosticó a mediados del siglo pasado hoy se despliega con un software renovado. El ecosistema actual no se sostiene sobre verdades, sino sobre neozonceras —o verdaderas zonceras recargadas— es decir, axiomas prefabricados que se repiten en el timeline con la fuerza de un dogma y el rigor de una superstición.
Esas neozonceras necesitan de sus brazos ejecutores en el territorio digital. Ahí orbitan nuestros tres viles personajes de la fauna nativa: el zonzo, que consume el relato por pura inercia cultural; el cipayo, que entrega la soberanía del pensamiento a cambio de la validación extranjera; y el tilingo, que desprecia lo propio por un complejo de superioridad de cabotaje.
Frente a este tríptico de la decadencia, no proponemos girar la rueda de forma diferente. Proponemos romper la rueda. Desarmar ese movimiento pendular que nos obliga a elegir entre el remate de lo propio o la nostalgia del atraso.
¿Cuál es el antídoto material a la zoncera? La baquía. Ese saber práctico del baqueano que conoce el territorio porque lo camina, inmune al humo ambiente, que no se deja guiar por mapas teóricos abstractos y que opone el peso bruto del dato neto a la levedad del folleto ideológico.
Desde este rincón del Sur, plantados en nuestras íntimas convicciones y en nuestra verdad relativa, este 9 de julio iniciamos FACTOPÍA. Lo hacemos para avanzar hacia la utopía de los hechos, en toda su irremediabilidad.
#BMZ #RomperLaRueda

Comentarios
Publicar un comentario