De quemar el BCRA a dejar enquistada una casta eterna
El fetiche de la inflación cero
De quemar el BCRA a dejar enquistada una casta eterna
El Gobierno se encamina a introducir cambios en el funcionamiento del Banco Central de reversión virtualmente imposible para las próximas administraciones. Las consecuencias del control inflacionario a cualquier precio.
FACTOPÍA
Sin embargo, la letra chica del proyecto de reforma de la Carta Orgánica de nuestro banco emisor enviado al Congreso —y que sería aprobado la próxima semana en el Senado— revela una metamorfosis tan curiosa como reveladora. Del fuego purificador de la dolarización o la abolición monetaria no quedó nada: la entidad no se destruye, sino que se rediseña para uso propio.
En el camino, la prédica anticasta sufrió un repliegue severo: la norma no elimina los privilegios de la política en el manejo del dinero, sino que instala un búnker normativo para dejar a una «casta propia» atornillada en el BCRA ante cualquier recambio político futuro.
En FACTOPÍA cruzamos la propuesta normativizada con las advertencias de especialistas de todo el arco ideológico —desde la heterodoxia crítica hasta la propia ortodoxia exaliada— para desarmar los tres ejes clave de una reforma que pretende construir un «índice impecable» sobre una sociedad golpeada.
¿Qué cambia realmente? La «puerta trasera» y el doble rasero
En la superficie, el texto busca vender austeridad y rigor monetario. Veamos.
Mandato Único Excluyente: Elimina las metas de empleo, desarrollo y equidad social que figuraban en la Ley 26.739, fijando como única y exclusiva misión la preservación del valor de la moneda.
Fin del financiamiento directo: Prohíbe los adelantos transitorios, la compra de títulos públicos en licitaciones primarias y el giro de «utilidades ficticias» al Tesoro por ganancias no realizadas de balance.
El cerrojo de los dos tercios: Exige una mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso para remover a los integrantes del Directorio. Destituir al presidente del Central será tan engorroso como desplazar a un juez de la Corte Suprema o al mismísimo presidente de la Nación.
Sin embargo, el cotejo técnico deja en evidencia trampas y contrasentidos flagrantes:
La «trampa del mercado secundario»: El economista Mariano Fernández (docente de la UCEMA) y un informe del Ieral (Fundación Mediterránea) señalan la grieta central del proyecto. La norma prohíbe la compra directa de deuda al Estado, pero no fija ningún tope ni límite cuantitativo a las operaciones en el mercado secundario. El mecanismo de triangulación es sencillo: el Tesoro emite bonos para ser adquiridos por los bancos privados y, al cabo de unos días, el BCRA sale a recomprárselos en el mercado secundario. Resultado: la «maquinita» de emisión para bancar al Tesoro sigue funcionando, pero con la banca privada como intermediaria.
El maquillaje propio: Como analiza el periodista Fernando Gutiérrez, la prohibición de transferir utilidades por revaluación contable al Tesoro choca con las propias acciones del Gobierno. La gestión de Santiago Bausili (actual presidente del BCRA) le transfirió $24,4 billones a Toto Caputo maquillados por la revaluación de Letras Intransferibles. Es decir, la norma pretende tipificar como «delito monetario» un atajo que el propio equipo económico utilizó para acomodar las cuentas.
Un autismo productivo que el mundo ya descartó
Frente al dogma del mandato único obsesionado con la inflación, la experiencia internacional demuestra que las principales potencias económicas no operan con una autoridad monetaria ciega a la realidad de la economía real.
Reserva Federal de EE. UU. (La Fed): Por ley (Ley Humphrey-Hawkins), la Fed tiene un mandato dual que busca garantizar la estabilidad de precios y el pleno empleo. El propio Milton Friedman —idolatrado por Javier Milei al punto de nombrar Milton a uno de sus mastines ingleses— demostró que la excesiva contracción monetaria del Central en los años 30 transformó una recesión en la Gran Depresión.
Banco de Japón (BoJ): Articula de forma explícita su política con el plan de gobierno para sostener el crédito, la actividad industrial y el crecimiento. Con la inflación controlada desde hace décadas, su batalla histórica no fue el aumento de precios, sino el riesgo de deflación y el enfriamiento de la economía real.
Banco Central Europeo (BCE): Aunque nació enfocado en la estabilidad de precios, las crisis recientes obligaron al BCE a implementar masivos programas de compra de deuda y liquidez para evitar el colapso del empleo y la actividad en la eurozona.
Mapear estas experiencias demuestra que el proyecto argentino no busca copiar a las economías desarrolladas, sino aplicar un laboratorio monetario extremo que nos dejaría sin amortiguadores ni piloto automático ante cualquier shock externo o sequía.
Un índice sobre tierra arrasada
Subordinar toda la arquitectura económica a una meta numérica única acarrea impactos profundos sobre el tejido social y financiero.
Incapacidad anticíclica: Si cae la recaudación por una crisis, el Estado no puede inyectar recursos y el BCRA queda obligado a contraer la moneda, acelerando la recesión y destruyendo el empleo real.
El espejo del modelo peruano (?): Se suele citar a Perú como el Santo Grial de la inflación baja por la estabilidad en el cargo de la presidencia del Banco Central. Sin embargo, la contracara de su estabilidad monetaria inmaculada es una economía con un 70% de informalidad laboral. Una moneda sana en una población precarizada no es desarrollo; es una ficción estadística.
Incertidumbre bancaria y de encajes: Al eliminar la «estabilidad financiera» de las obligaciones del Central, el Directorio queda desincentivado a actuar como prestamista de última instancia ante corridas cambiarias. A esto se suma que la reforma no prohíbe que los encajes bancarios (los depósitos de los ahorristas) terminen integrados con bonos del Tesoro.
Los puntos sobre (nuestras) íes
La inflación es multicausal: En economías bimonetarias (como la argentina), la inflación está atravesada por la restricción externa (la escasez de dólares), los costos de insumos, las tarifas y la inercia, pero también por una cultura inflacionaria e indexatoria profundamente arraigada en nuestras propias conciencias.
Responsabilidad compartida: Lograr una inflación controlada y precios estables no es tarea exclusiva de un grupo de burócratas aislados en un Banco Central. Requiere sostenibilidad fiscal responsable, una política monetaria orientada a la producción, la coordinación estatal de expectativas y legislaciones regulatorias.
De la dinamita a la «casta propia»: La asimetría institucional del proyecto es inaceptable. Como bien advierte la ortodoxia técnica, para nombrar directores en comisión basta un simple decreto, pero para removerlos se exige el voto de dos tercios del Congreso. Blindar por ley a un equipo nombrado a dedo no es «independencia»; es la captura del BCRA por el experimento libertario.
Preservar el valor de la moneda solo cobra sentido si tiene como objetivo el desarrollo integral de la Nación y la satisfacción de las necesidades materiales de existencia del primero al último de los argentinos. Diseñar un esquema cuya única victoria sea exhibir las planillas del Central en cero mientras la actividad se esfuma es, en definitiva, construir una economía de laboratorio: un índice sin beneficiarios.

Comentarios
Publicar un comentario