¿Hasta cuándo vamos a regalar nuestras riquezas?

 FONDOS SOBERANOS Y RECURSOS NATURALES

¿Hasta cuándo vamos a regalar nuestras  

riquezas?

La gestión sensata de la riqueza natural nos permitiría disponer de divisas en forma cuantiosa. Nuestro subsuelo está plagado de dólares por extraer. Pero preferimos resignar renta natural en beneficio de una ambiente cordial hacia las corporaciones que los extraen. Qué hacen otras naciones con las bendiciones de su tierra, y por qué se nos está agotando el tiempo.

Pablo G Ramos

«Mi abuelo viajaba en camello. Mi padre viajaba en Land Rover. Yo viajo en un Mercedes Benz. Mi hijo viajará en un Toyota… pero mi nieto va a viajar en camello»

Este adagio árabe sintetiza con precisión la alarma que se encendió en las naciones del Golfo Pérsico cuando el descubrimiento del petróleo las enriqueció de la noche a la mañana. La pregunta de fondo que se hicieron aquellos jerarcas era elemental y urgente. ¿Qué va a pasar cuando el pozo se quede seco y la canilla de los petrodólares se cierre para siempre? ¿Tendremos que viajar nuevamente en camello?

La Argentina hoy atraviesa una situación comparable. La formación geológica de Vaca Muerta (mayoritariamente ubicada en Neuquén, pero compartida con Río Negro, Mendoza y La Pampa) esconde en esa roca porosa reservas comprobadas de petróleo recuperable por 16.200 millones de barriles.

Siguiendo las enseñanzas del gran Raúl Scalabrini Ortiz, vamos a hacer las cuentas tipo almacenero. A un precio conservador del barril en 70 dólares —al momento de redactarse este artículo cotiza a 105 dólares— simplemente multiplicamos y eso nos da que en el subsuelo neuquino hay 1.134.000.000.000 de dólares por extraerse.

Rogamos que la sorpresa del lector pase rápido, porque las reservas de gas natural son aún más cuantiosas. La unidad de medida del gas es el BTU (British Thermal Unit, Unidad Térmica Británica) y se comercializa por millón de BTU (MMBTU). El gas natural no es un commodity, así que los precios se negocian entre las partes, pero un valor aceptable y conservador hoy es de 8 dólares por unidad (USD 8 MMBTU). Multiplicamos de nuevo y obtenemos que la roca madre neuquina aloja USD 2.500.000.000.000.

Hacemos un ratito de maestro ciruela: hablamos de billones, no de millones. Un billón es un 1 seguido de doce ceros. La Argentina produce en un año unos 632.000 millones de dólares (USD 632.000.000.000). Ergo, ese es su Producto Bruto Interno (PBI).

Entonces, para medirlo en unidades comprensibles, las reservas petroleras de Vaca Muerta equivalen a casi dos Argentinas enteras. En gas natural la cifra impresiona todavía más, ya que representan casi cuatro Argentinas adicionales. En una sola provincia pisamos el equivalente a seis años de todo el trabajo nacional. Hablamos de reservas comprobadas cuando los estudios geológicos constatan la magnitud del recurso natural; es decir, estos números están absolutamente aceptados por todos los actores.

Sin embargo, acá no se agota el potencial hidrocarburífero argentino. En Santa Cruz existe la formación geológica Palermo Aike, de características similares a la neuquina. La Agencia de Información de Energía de EE.UU. (EIA) le calcula un potencial de unos 6.600 millones de barriles de petróleo y 130 TCF de gas, esto es, un tercio de nuestro yacimiento estrella.

En el otro extremo de la cordillera, en Salta, se encuentra la formación Los Monos, que si constata sus expectativas en los hechos podría igualar el volumen de la cuenca neuquina.

Por último, la gran esperanza late en el Mar Argentino y en la producción offshore: por un lado, la costa bonaerense con un potencial equivalente al del Pre-Sal brasileño; por el otro, la zona circundante a las Islas Malvinas, donde la potencia ocupante inicia la explotación ilegítima de nuestras riquezas. Vaya el lector sumando en su libretita.


Litio, plata, oro y demás minerales

No solo de hidrocarburos vive el ser humano. El potencial minero que hasta ahora parecía beneficiar solamente al lado chileno de los Andes comienza a mostrar su equivalencia de este lado.

Del mismo modo que al petróleo suele llamárselo «oro negro», el mineral estrella de la actualidad es el litio (Li) u «oro blanco». Este metal es vital para la electromovilidad, las baterías de autos eléctricos, celulares y notebooks. Las provincias de Salta, Jujuy y Catamarca están ubicadas en el «Triángulo del Litio» (compartido con Bolivia y Chile), zona que posee entre el 50% y el 60% de las reservas mundiales. A la fecha, nuestro país cuenta con el 12% de las reservas mundiales y cerca del 21% de los recursos identificados del planeta.

El año pasado se produjeron 120.000 toneladas de litio, y la proyección arroja que para 2035 vamos a superar las 570.000 toneladas anuales. En «cash» son unos USD 1.500 millones en la actualidad, y se prevé llegar a entre 11.400 y 13.100 millones de dólares anuales a mediados de la década que viene.

Lo traducimos al método de almacenero. Hay unos 200.000 millones de dólares bajo la puna, un poco menos de un tercio del PBI nacional. Pero para esas tres provincias representa muchísimo más, ya que por cada dólar que se produce en la superficie de Salta, Jujuy y Catamarca, hay once dólares en el subsuelo en forma de salmueras.

Los otros proyectos mineros que atraen a empresas de todo el mundo son los de cobre, oro y plata. En la inmensa mayoría de los grandes yacimientos argentinos estos tres metales vienen juntos en la misma matriz geológica («pórfidos de cobre-oro»). El cobre abunda en proyectos en ejecución como Los Azules, Pachón, Josemaría, Taca Taca y Agua Rica, con reservas estimadas en 65 millones de toneladas.

A U$D 14.000 la tonelada en el Mercado de Metales de Londres, constatamos que nuestra cordillera alberga U$D 910.000 millones.

Si sumamos las reservas comprobadas de oro y plata (presentes en Veladero, Cerro Negro y Cerro Vanguardia, entre otros), agregamos más de U$D 160.000 millones.

Y llegamos al gran número final estimativo a valores de hoy. El subsuelo argentino atesora un total de 1,27 billones de dólares (U$D 1.270.000.000.000) entre litio, cobre, oro y plata. Esto es dos PBI actuales.


Acá es donde nos ponemos a llorar

La Constitución Nacional reformada en 1994 determina en su artículo 124 que corresponde a las provincias el «dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio». En criollo: las provincias son dueñas del gas, del petróleo y de los minerales (mientras que los recursos en el lecho marino pertenecen al Estado nacional).

Por extensión, los recursos pertenecen a los pueblos de las provincias donde se encuentran. Ergo, ese mismo pueblo debería beneficiarse directamente de la explotación de semejante riqueza. ¿Pasa eso? La respuesta corta es NO.

¿Qué porcentaje del valor bruto se cobra en la Argentina por regalías? Según la Ley N° 17.319 de Hidrocarburos, para la explotación de gas o petróleo se cobra entre un 12% y un 15% de royalty a boca de pozo.

La Ley N° 24.196 de Inversiones Mineras establece que para la explotación de minerales las provincias cobren un 3% de regalías a boca de mina.

Pero la letra chica esconde un truco de magia. Ese 3% no se calcula sobre el precio de mercado internacional al que se vende el mineral, sino sobre el valor en la puerta del yacimiento. La ley le permite a la corporación minera descontar del cálculo todos los costos de flete, transporte, molienda, trituración, procesamiento y seguros. Cuando la calculadora termina de restar, el 3% teórico a boca de mina se convierte en un escuálido 1,5% real o menos sobre la venta final.

Y la forma de controlarlo es una comedia negra: no hay un funcionario público parado al lado del pozo o de la cinta transportadora con una balanza oficial. Es la propia empresa la que, mediante una declaración jurada de buena fe, indica cuánto extrajo y cuánto decide pagar.


¿Qué hacen los países con estos recursos?

Qué hacer con los excedentes que genera la explotación de recursos naturales es un tema donde las naciones que aspiran a la no dependencia se han movido en un sentido bien definido. Y no hablamos de utopías, sino de países capitalistas y prósperos.

En la década de los 60 se comenzaron a hallar reservas gigantescas de petróleo en el Golfo Pérsico. Tras la «crisis del petróleo» de 1973, las monarquías de la región comenzaron a acumular divisas en abundancia. El primer país en reaccionar fue Kuwait: en 1953 creó el Kuwait Investment Authority (KIA) para ahorrar la renta petrolera en activos financieros.

Noruega descubrió petróleo en el Mar del Norte en los años sesenta, creó la empresa estatal Statoil (hoy Equinor) y decidió que el Estado se quedaría con el 78% de la renta entre impuestos y regalías. No gastaron esa marea de dólares: crearon el Government Pension Fund Global, su Fondo Soberano.

Un Fondo Soberano de Inversión (FSI) es un vehículo estatal que canaliza la renta de los recursos naturales hacia una cartera de activos financieros nacionales e internacionales. Tiene dos finalidades, que son evitar que la volatilidad de los precios afecte la economía diaria y generar una fuente de ingresos financieros permanente para el día que los recursos naturales se agoten.

Hoy el Fondo Soberano de Noruega administra 1,6 billones de dólares (casi tres PBI argentinos) y posee el 1,5% de todas las empresas cotizantes del mundo. Sus rendimientos aportan entre el 20% y el 25% del presupuesto estatal noruego (unos USD 60.000 millones anuales). Por su parte, los fondos del Golfo administran fortunas gigantescas: el ADIA de Abu Dabi maneja USD 1 billón; el PIF de Arabia Saudita, USD 930.000 millones; el kuwaití KIA, USD 800.000 millones; y el QIA de Catar, USD 450.000 millones.


¿Qué podríamos hacer nosotros?

Eduardo Galeano inmortalizó en Las venas abiertas de América Latina la anatomía del saqueo colonial. Cerro Rico de Potosí se convirtió en la cuna de la plata del mundo, pero al agotarse las vetas, a Bolivia solo le quedaron los socavones vacíos y una pobreza ancestral.

Acá nomás, en Catamarca tuvimos nuestra versión acotada de Potosí. El yacimiento Bajo de la Alumbrera (cobre y oro) operó entre 1997 y 2018. En 21 años, el consorcio privado (Glencore, Goldcorp y Yamana Gold) extrajo 17.000 millones de dólares en esos dos metales. ¿Cuánto le quedó a Catamarca por el 3% de regalías? Entre 170 y 200 millones de dólares en total (menos del 1,2% bruto). ¿Cambió la fisonomía de la provincia o su infraestructura? Ni un milímetro. Esto es el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer nunca.

Sin embargo, antes de discutir reformas legislativas que requieran muñeca política, hagamos un ejercicio mental con lo que tenemos a mano. Con las mismas regalías escuálidas que cobramos proyectemos a mediano plazo. Se estima que la Argentina podría estar recibiendo entre 2.000 y 2.700 millones de dólares por el royalty del petróleo, el gas y la minería cuando maduren las inversiones anunciadas o en curso.

Si se destina el 100% de ese capital a alimentar un FSI año tras año, y se lo gestiona con una estrategia conservadora que obtenga una rentabilidad de entre 6 y 7%, en una década el FSI manejaría 35.000 millones de dólares, y en 20 años llegaría a 100.000 millones. Y para cuando se agoten los recursos nuestro fondo soberano tendría entre 450.000 millones y 885.000 millones de dólares, empardando la escala del histórico FSI KIA de Kuwait.

Es decir, que en las pésimas condiciones actuales aún podríamos manejar una cantidad de dólares considerable.

No estamos en estado fundacional. Ya existe una ley de hidrocarburos y una de inversiones mineras. Entonces la pregunta que debemos respondernos es qué podríamos hacer en estas condiciones específicas.

Debemos dejar atrás la etapa de la declaración jurada de buenas intenciones por parte de las empresas explotadoras y pasar a un control férreo de lo extraído con una infraestructura básica —balanzas, laboratorios, inspectores, metadatos— en boca de mina, boca de pozos y puertos.

Como han hecho distintas naciones, se podría obligar a las corporaciones mineras a ingresar en un sistema de asociación con una empresa provincial o nacional en un consorcio bajo un esquema 51/49, donde la corporación aporte el capital y el know how, y su contraparte pública contribuya con el recurso natural, ni más ni menos.

El Estado federal debería cobrar retenciones a las exportaciones mineras y de hidrocarburos, e implementar un impuesto a las ganancias extraordinarias de las corporaciones. Esta fue una idea del ex ministro Martín Guzmán, y se propone recaudar solo cuando el precio de un recurso natural sube no por mejoras en la productividad sino por crisis globales.

Con esto se generaría una masa importantísima de recursos. Lo siguiente es qué hacer con estos. No hay que ser muy perspicaz para saber qué propone FACTOPÍA; con leer el título alcanza. Debemos constituir un FSI que canalice todos estos recursos, los administre, los multiplique mediante la magia del interés compuesto, y comience a entregar dividendos a sus dueños.

Y debería definirse al inicio en qué se van a gastar o invertir los beneficios. La experiencia internacional señala que se debería prohibir usar ese capital para gasto corriente. Y destinarse a infraestructura física y social. El FSI, a su vez, repartiría en forma proporcional a lo que aporte cada provincia, por lo cual Neuquén, Catamarca, San Juan, Jujuy, Santa Cruz, Salta —y probablemente, Nación— sean los mayores beneficiarios.


¿El Mercedes Benz o el camello?

La culpa de la situación actual en estas cuestiones no recae solo en el colonizador que te ofrece un espejito de colores; la culpa es del cazador local que vende la piel del oso por dos monedas y sale esa misma noche a gastárselas en la fonda.

Releamos el proverbio árabe que daba inicio a este artículo. Llamaba a la reflexión sobre el error de gastarnos la plata que abunda hoy sin prever qué vamos a comer cuando se termine la bonanza. Podemos reemplazar al camello por una llama —de hecho, son primos desde el punto de vista zoológico— y plantearnos lo mismo.

Ese era el destino de la resignación para quienes queman el capital en el presupuesto del mes. La Argentina tiene la escala, la geografía y la riqueza en su subsuelo para romper esa maldición y escribir su propio mandato.

Los recursos están medidos, contados y anotados en la libreta, fieles al método scalabrino. El verdadero desafío no es solo discutir el porcentaje de una regalía, sino blindar por ley la renta del subsuelo para que nadie puede quemarla en la caja diaria, construyendo el Fondo Soberano que nos garantice no terminar a lomo de camello (o llama) cuando el subsuelo ya haya sido vaciado.

La pregunta que queda flotando en el aire y que exige una respuesta de cara a la historia es solo una.

¿Hasta cuándo vamos a regalar nuestras riquezas?

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