Los autos siguen sin arrancar
PATENTAMIENTOS EN BAJA
Los autos siguen sin arrancar
Se venden menos unidades 0km. Predominio de las unidades importadas. Las fábricas nacionales siguen a media máquina. Resultado de un modelo que ningunea la producción y el consumo.
FACTOPÍA
A dos años y medio de este experimento libertario la radiografía del sector automotor muestra un motor ahogado, un mercado achicado y una industria nacional cada vez más diezmada. Los datos oficiales del INDEC correspondientes a septiembre de 2026 confirman lo que se respira en la calle. La venta de vehículos nuevos no repunta ni con auxilio mecánico.
En el noveno mes del año se patentaron 33.055 automóviles, lo que marca una caída interanual del 12,9%. Si miramos la película completa de lo que va de 2026, el acumulado perfora con creces los números previos con una baja del 13,0%. Pero el dato más escalofriante de la planilla oficial no es solo cuánto se vende, sino qué se vende: del total de autos patentados, apenas el 13,9% fueron de producción nacional, mientras que el 86,1% restante corresponde a unidades importadas.
En un año, los vehículos nacionales se derrumbaron un furioso 44,3%. Mientras tanto, ADEFA —la asociación que nuclea a las terminales automotrices radicadas en la Argentina— no sabe/no contesta, mirando para otro lado mientras la industria local se desvanece frente a la avalancha externa.
Este presente de miseria industrial y ventas planchadas duele el doble si se mira por el espejo retrovisor. Hace quince años, allá por 2011, la Argentina vivía otra realidad: con un mercado interno robusto y una industria automotriz potenciada, el país rozaba el récord histórico superando las 850.000 unidades anuales.
Aquellos años demostraron que el mercado argentino tenía escala, capacidad de consumo y, sobre todo, una cadena de valor local que integraba autopartistas, terminales y miles de puestos de trabajo calificados.
Tanto sacrificio, tanto ajuste, tanta motosierra y tanta apertura indiscriminada para terminar con un mercado achicado, donde el auto cero kilómetro se convirtió en un artículo de lujo inalcanzable para las mayorías, y donde lo único que sube en dos ruedas son los motovehículos de emergencia para hacer changas.
No todos los países tienen fábricas de automotores radicadas en su territorio. Solo en unas cuarenta naciones del orbe hay plantas automotrices. Argentina tiene trece, entre ensambladoras de motos, autos, ómnibus, camiones y carrocerías, localizadas en la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Tucumán.
El mercado automotor tuvo dos años récord. En 2011 se alcanzó el pico de fabricación de unidades en el país, al llegar a las 828.771 automotores, y de exportaciones con 506.715. Y en 2013 se llegó al techo de ventas en el mercado interno, con 955.023 unidades. A un tiro de cañón del millón de unidades.
Pero esas cifras quedaron demasiado lejos. El sector con capacidad de comprar automotores nuevos se redujo —o elige motos— y se abandonó por completo el proyecto industrial. En 2018 se firmó acuerdo un integral entre SMATA (sindicato), ADEFA (fábricas) y AFAC (autopartistas) que proyectó alcanzar la producción de 1,8 millones de unidades anuales para 2030. Hoy apenas arañamos la tercera parte de esas magnitudes. Spoiler: no llegamos a esa cifra ni en sueños.
Desde diciembre de 2023 la palabra industria desapareció de la retórica de la Casa Rosada. Todas las naciones defienden su industria, y la automotriz es estratégica. Este discurso, sin embargo, es antitético del experimento libertario. El gobierno del que la industria automotriz nada esperaba, nada está haciendo.

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