Una torta muy mal cortada
DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO
Una torta muy mal cortada
El decil más rico percibe trece veces más ingresos que el sector más postergado. La brecha salarial deja a los trabajadores no registrados cobrando menos de la mitad que los formales y la disparidad de género persiste sobre las mujeres. Detrás de los números aparece una trampa demográfica porque en la base de la pirámide cada ocupado debe sostener a tres personas mientras que en la cúspide la carga familiar es casi inexistente.
FACTOPÍA
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) hizo públicos los datos sobre la evolución de la distribución del ingreso correspondientes al segundo trimestre del año. El informe oficial traza una radiografía precisa sobre cómo se reparte la masa monetaria en el país a la mitad del mandato de Javier Milei, exponiendo las fracturas estructurales del mercado de trabajo, la informalidad y la concentración de la riqueza.
El abismo de trece a uno
La forma más directa de medir la equidad en la distribución del ingreso es comparar los extremos de la pirámide social. Al analizar el ingreso per cápita familiar, el diez por ciento más rico de la población registra una mediana que supera en trece veces a la del diez por ciento más pobre. En la distribución global del dinero el primer decil se queda apenas con el 1,8% del total, mientras que el decil superior acapara el 32,3% de la torta general.
Esta brecha de trece a uno ubica a la Argentina en un patrón de fractura distributiva más cercano a los modelos de alta desigualdad que a los estándares de naciones desarrolladas. Países como Noruega registran una brecha de cinco veces, Japón de seis veces y media, mientras que Canadá o Australia rondan entre ocho y nueve veces.
Coeficiente de Gini en zona roja
El Coeficiente de Gini registró un valor de 0,428 en la medición oficial. En la convención estadística donde cero representa la equidad absoluta y uno la desigualdad total, superar el umbral de 0,40 implica ingresar directamente en un escenario de elevada concentración de la riqueza.
Mientras que economías avanzadas como Noruega con 0,27, Canadá con 0,31 o Japón con 0,33 muestran estructuras sociales más homogéneas, la marca argentina supera incluso la brecha estructural estadounidense de 0,39. El resultado refleja una sociedad fracturada donde el derrame no termina de concretarse en la economía real.
Frente al verso presidencial que sostienen que los salarios en negro «vuelan», los propios números del INDEC lo desmienten. Los asalariados formales con descuento jubilatorio alcanzaron un ingreso medio de $1.433.794, mientras que los trabajadores informales percibieron en promedio $706.204.
Un trabajador registrado cobra en promedio más del doble, exactamente un 103% más, que un trabajador en negro. La informalidad laboral en Argentina no representa una alternativa ágil ni un refugio dinámico, sino una condena directa a percibir menos de la mitad del ingreso y a carecer de toda protección previsional.
La mochila demográfica y la trampa del sostén
Uno de los datos más reveladores del informe aparece al mirar la relación de dependencia según el nivel socioeconómico, es decir, cuántas personas no ocupadas dependen de cada trabajador. En el diez por ciento más pobre de la población existen 307 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas. En la base social cada trabajador debe alimentar y sostener a más de tres personas a su cargo, compuestas en su mayoría por niños y jóvenes excluidos del mercado laboral.
El escenario se invierte de manera drástica en el tope de la pirámide social. En el diez por ciento más rico la relación cae a solo 38 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas, lo que significa que hay menos de media persona a cargo por cada perceptor de ingresos.
La pobreza estructural no depende únicamente de salarios bajos por hora, sino de una trampa demográfica donde la persona de menores ingresos debe multiplicar su escaso haber para sostener a una familia numerosa.
Brecha de género y la estructura de los deciles
La disparidad de género continúa marcando la brecha de ingresos individuales en el mercado de trabajo. Mientras los varones registraron un ingreso promedio de $1.266.369, las mujeres percibieron $927.252, lo que consolida una brecha salarial del 26,3% en la ocupación principal.
Por último, cabe recordar la herramienta metodológica para entender esta radiografía. Un decil representa la división de la población total en diez partes iguales del diez por ciento cada una, ordenadas desde los menores hasta los mayores ingresos. Al analizar de qué vive cada estrato se desmonta un mito recurrente.
En el decil más bajo el 67,3% de los ingresos son de origen no laboral provenientes de la asistencia social y transferencias de supervivencia, lejos de haberes previsionales altos, mientras que en el decil más rico el 86,6% del ingreso proviene directamente del trabajo formal o profesional.

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